Toda corona sobre diente natural empieza en un mismo sitio: la frontera entre lo que queda del diente y lo que va a poner el laboratorio. Esa frontera la dibuja la fresa en la clínica, la lee el técnico en el modelo o en el escaneo y la ocupa después el borde de la corona. Se llama línea de terminación, mide muy poco y de ella dependen el grosor del material en el margen, la forma del cuello y buena parte de lo que pase con la encía.
Qué es la línea de terminación
La línea de terminación es el límite de la preparación: el contorno, alrededor de todo el diente, donde termina el tallado y empieza la parte del diente que no se ha tocado. También se la llama margen de la preparación o terminación cervical, porque casi siempre está en el cuello del diente, cerca de la encía.
Para situarla conviene recordar qué es lo que se está preparando. Las prótesis fijas son, según la definición clásica, «prótesis completamente dentosoportadas, que toman apoyo únicamente en los dientes». El diente tallado que las recibe es el muñón, y la línea de terminación es el borde de ese muñón: el sitio exacto donde la corona tiene que encajar sin dejar hueco ni sobresalir.
En la consulta se habla de ella como de un gesto del tallado. En el laboratorio es lo primero que se busca al abrir un caso, porque sin una línea clara no se sabe dónde termina la pieza que hay que fabricar.
Para qué sirve ese borde
Parece un simple borde y cumple cuatro funciones distintas, que no siempre tiran en la misma dirección:
- Para la clínica, marca dónde acaba el tallado y deja una referencia que se puede comprobar con la vista y con la sonda.
- Para el laboratorio, es la referencia del diseño: el margen de la corona se dibuja sobre ella, y todo lo demás se construye a partir de ahí.
- Para la corona, define cuánto material cabe en el borde. Un margen demasiado fino en un material que necesita grosor es un borde que se puede astillar.
- Para la encía, es el sitio donde la restauración se encuentra con el tejido. Su posición y su forma condicionan el perfil de emergencia y, con él, la salud y el aspecto del margen gingival.
Tipos de línea de terminación
Los nombres cambian algo de un libro a otro, pero en la práctica se trabaja con cinco familias. Esta es la comparativa que solemos hacer con las clínicas:
| Tipo | Cómo es | Reducción | Uso habitual |
|---|---|---|---|
| Chamfer | Curva cóncava | Moderada | Cerámicas y metal |
| Hombro | Escalón recto | Mayor | Cerámica estética |
| Hombro biselado | Escalón con bisel | Mayor | Collar metálico |
| Filo de cuchillo | Transición mínima | Muy poca | Casos concretos |
| Vertical | Sin escalón | Poca | Técnica BOPT |
Línea de terminación en chamfer o chaflán
Es una terminación en curva cóncava, como un cuarto de círculo que baja del diente hacia el margen. Deja un borde bien definido, fácil de leer en el modelo y en el escaneo, y un espesor razonable para casi cualquier material. Por eso es la más extendida y la que menos sorpresas da en el laboratorio: cuando una clínica no tiene una razón concreta para elegir otra, el chamfer suele ser la elección prudente.
Línea de terminación en hombro
Es un escalón más marcado, casi en ángulo recto con el eje del diente. Da el máximo espacio en el margen, lo que permite trabajar la cerámica con más grosor y más libertad estética en el cuello. A cambio exige retirar más diente. En las cerámicas se prefiere con el ángulo interno redondeado, porque los ángulos vivos concentran tensiones en el material, y en el tallado el hombro pide más control que un chamfer.
Hombro biselado
Es un hombro al que se añade un bisel en el borde exterior. Se asocia sobre todo a las restauraciones con collar metálico, donde el bisel permite que el metal termine en un filo muy ajustado. Con los materiales actuales sin metal se usa bastante menos.
Filo de cuchillo
Es la terminación más conservadora: apenas hay escalón y la preparación se va desvaneciendo hacia la raíz. Ahorra tejido dental, pero tiene dos problemas que conviene conocer. El primero es que cuesta leerla, porque el límite no es una línea sino una transición. El segundo es que deja muy poco sitio para el material en el borde, y la tentación de ganar ese sitio hacia fuera acaba en coronas con el cuello sobrecontorneado. Tiene sus indicaciones, pero no es una terminación para ir con prisas.
Preparación vertical, sin línea
Es el caso en el que no hay escalón de ninguna clase: el diente se talla en vertical y es la corona la que decide dónde termina. La explicamos más abajo con calma, porque cambia la lógica de todo lo anterior.

Cómo se elige la línea de terminación
No hay una línea mejor que las demás en abstracto. Una de las revisiones más citadas sobre preparaciones para coronas completas, firmada por Goodacre, Campagni y Aquilino (2001), lo resume así: la elección de la línea de terminación debe basarse «en el tipo de corona, los requisitos estéticos, la facilidad de ejecución y la experiencia personal». Y añade algo que conviene tener presente cuando alguien defiende una terminación con demasiado entusiasmo: las expectativas de un mejor ajuste marginal con ciertas líneas de terminación no se pudieron validar con la investigación reciente.
Dicho de otra forma, lo que decide el ajuste no es el nombre de la línea, sino que esté bien hecha, sea continua y se pueda leer. A partir de ahí, lo que inclina la balanza son el material y la zona.
Según el material de la corona
Cada material pide un espacio distinto en el margen. Las cerámicas estratificadas necesitan grosor para que el color tenga profundidad, y agradecen un hombro redondeado o un chamfer amplio. El zirconio monolítico, al no llevar capa de porcelana, tolera terminaciones más finas y es el material que mejor se lleva con las preparaciones mínimas y verticales; en nuestra página de zirconio monolítico explicamos por qué. La metal-cerámica, con su collar, es la que históricamente iba con el hombro biselado.
Por eso la conversación sobre el material debería ir antes del tallado y no después. Cuando la línea se talla pensando en un material y la corona se encarga en otro, alguno de los dos sale perdiendo.
Según la zona y la estética
En un molar que no se ve, se puede elegir pensando sobre todo en la resistencia y en la facilidad de limpieza. En un incisivo central, el margen está a la vista del paciente cada vez que sonríe, y la elección pasa por cuánto espacio necesita el material para que el cuello no se vea opaco ni más grueso que el diente de al lado.
Dónde se coloca: por encima, a la altura o por debajo de la encía
Además de la forma, la línea de terminación tiene una posición respecto a la encía, y es una decisión tan importante como el tipo. Puede quedar supragingival, por encima del margen; yuxtagingival, justo a su altura; o subgingival, por debajo.
La misma revisión de 2001 señala que son los requisitos estéticos y el estado del diente los que determinan esa posición, y que la ubicación supragingival es la más aceptable cuando se puede elegir. Tiene lógica: un margen que se ve es un margen que se controla, se limpia y se revisa. La subgingival se reserva para cuando la estética lo exige o cuando el propio diente no deja otra opción, por ejemplo con caries o restauraciones antiguas que llegan por debajo de la encía.
Para el laboratorio, la diferencia es enorme. Una línea supragingival se registra sin esfuerzo. Una subgingival solo se registra bien si se ha separado la encía y el campo está seco, y eso pasa a ser lo primero que miramos al abrir el caso.
Lo que el laboratorio necesita ver en la línea de terminación
Antes de diseñar nada, el margen se revisa en el modelo o en el escaneo. En un modelo de escayola, el muñón se recorta y se libera para que el técnico pueda ver y marcar la línea por todo su contorno; en un archivo digital, se recorre a gran aumento. En los dos casos buscamos lo mismo:
- Que sea continua. Una línea que se interrumpe en una cara obliga a decidir por dónde pasa, y esa decisión le corresponde al tallado, no al laboratorio.
- Que sea visible en todo el perímetro. Si una zona queda tapada por encía o por sangre, el margen de esa zona es una suposición.
- Que no tenga escalones dobles. Dos líneas superpuestas, una antigua y una nueva, confunden sobre dónde termina la pieza.
- Que no deje esmalte sin soporte. Un borde fino de esmalte suelto en el margen se rompe con facilidad y deja un hueco donde antes no lo había.
- Que haya espacio para el material elegido. Si no lo hay, o se cambia de material o la corona sale con el cuello más grueso de lo que debería.

El margen en el escaneo intraoral
Con el flujo digital, la línea de terminación deja de leerse en una impresión y pasa a leerse en un archivo. Y el escáner intraoral tiene una regla sencilla que conviene no olvidar: solo registra lo que ve. Si la encía tapa el margen o hay saliva en el surco, el programa rellena ese tramo con la forma que considera probable, que no tiene por qué ser la real.
Por eso los dos minutos antes de escanear pesan tanto: retracción de la encía, campo seco y un recorrido completo alrededor del muñón. Un margen bien expuesto se lee en pantalla con un detalle excelente; uno a medias obliga a repetir el escaneo o a diseñar con una zona dudosa. Cuando nos llega lo segundo, lo decimos antes de fabricar.
Preparación vertical: cuando no hay línea
La preparación vertical invierte el planteamiento. En lugar de tallar un escalón que la corona tiene que respetar, se talla el diente sin línea de terminación definida y se deja que sea la restauración la que marque dónde termina, dentro del surco. Es la base de la técnica BOPT, que describieron Loi y Di Felice (2013) para dientes con el periodonto sano.
El cambio tiene consecuencias prácticas para todos. La clínica talla menos y no tiene que buscar un escalón perfecto bajo la encía. El provisional pasa a tener un papel central, porque es el que da forma al tejido antes de la definitiva. Y el laboratorio deja de copiar un límite para decidirlo: el margen de la corona se diseña a partir de la forma que el provisional ha conseguido en la encía. En la página de BOPT contamos cómo trabajamos esos casos paso a paso, y en la de prótesis provisional por qué el provisional no es una pieza de trámite.
Hay una consecuencia menos evidente: en un diente con preparación vertical no queda una línea que sirva de referencia en el futuro. Si dentro de unos años hay que rehacer la corona, la referencia es la forma que se diseñó, y por eso conviene que el archivo de ese diseño se conserve.
Qué cambia en la corona según la línea
La misma corona, diseñada sobre dos líneas distintas, no sale igual. Cambian sobre todo cuatro cosas:
- El grosor del borde. Un hombro deja un margen robusto; un filo de cuchillo, uno finísimo que hay que tratar con cuidado.
- El color del cuello. Con poco espacio, el material no tiene grosor para dar profundidad y el cuello se ve más opaco o más claro de lo deseable.
- El contorno. Si no hay sitio hacia dentro, el material acaba ganándolo hacia fuera, y un cuello sobrecontorneado empuja la encía.
- La manera de acabar el margen. Cada terminación se pule y se comprueba de una forma distinta en el laboratorio antes de que la pieza salga.

Y en los implantes, ¿dónde está la línea de terminación?
Sobre un implante no hay diente que tallar, pero el concepto sigue existiendo: la corona tiene que terminar en algún sitio. Ese sitio está en el pilar, la pieza intermedia que se atornilla al implante, y la gran diferencia con un diente natural es que aquí nadie lo talla con una fresa en la boca: se decide en el diseño.
Pilar de catálogo o pilar a medida
Un pilar de catálogo trae su margen ya hecho, a una altura y con una forma estándar, y el caso tiene que adaptarse a él. Un pilar fresado a medida permite colocar el margen donde conviene en cada cara: más alto en la parte que no se ve, para facilitar la limpieza, y ligeramente por debajo de la encía en la vestibular, para esconder la unión. Como explicamos en la guía de la corona sobre implante, esa libertad es buena parte de lo que se paga con un pilar individualizado.
Cuando la corona va atornillada
Si la corona se atornilla directamente, sin pilar intermedio, la cuestión cambia otra vez: ya no hay una línea entre dos piezas que asomen en la encía, y lo que se diseña es el contorno completo desde la conexión hasta el borde visible. Es la lógica de la carga inmediata sin interfases y también la razón por la que, en esos casos, todo el peso recae sobre el perfil de emergencia.
Cómo se comunica la línea de terminación al laboratorio
Buena parte de los problemas con el margen no vienen del tallado, sino de lo que no viaja con el caso. Un escaneo excelente no dice qué tipo de terminación se buscaba ni en qué zona el clínico tuvo dudas. Estas son las cuatro cosas que más ayudan cuando llegan escritas:
- El tipo de terminación elegido y si se ha mantenido igual en todo el perímetro o cambia en alguna cara.
- Las zonas subgingivales, sobre todo si en alguna la encía sangró o costó exponer el margen.
- El material que se tenía en mente al tallar, para comprobar que el espacio disponible le sirve.
- Si es un diente que ya llevaba corona, y si queda algo del margen antiguo.
No hace falta un informe. Dos líneas en la orden de trabajo o una nota en el envío digital bastan para que el diseño empiece con la misma información que tenía quien talló. Cuando falta, el técnico la deduce del modelo, y deducir es exactamente lo que se intenta evitar en el margen.
Errores frecuentes en la línea de terminación
- Mezclar tipos sin querer. Un chamfer en una cara y un filo en otra porque la fresa no se mantuvo a la misma profundidad. El diseño tiene que adaptarse a algo que nadie decidió.
- El ángulo vivo. Un hombro con el ángulo interno marcado deja una arista donde el material sufre. En cerámicas, mejor redondeado.
- El margen que nadie ve. Una línea subgingival tomada sin retraer la encía. En el modelo o en el escaneo sale incompleta, y el laboratorio tiene que adivinar.
- Poco espacio para el material. Elegir un material estético y tallar para uno que necesita menos. La corona sale gruesa o sale frágil.
- La línea antigua que sigue ahí. En dientes que ya llevaban corona, dejar restos del margen anterior crea un doble escalón difícil de interpretar.
Coronas que se rehacen: la línea que ya existía
Muchos casos no empiezan en un diente virgen, sino en uno que ya llevaba una corona. Ahí la línea de terminación tiene historia: puede estar más profunda de lo deseable, tener caries en el borde o estar marcada por un tallado anterior que nadie de los que trabajan hoy en el caso decidió. Repasar la línea entera, en lugar de aprovechar la que había, suele ahorrar problemas.
En estos casos también se plantea a veces pasar de una línea horizontal a una preparación vertical. Es una decisión clínica, y depende del estado del diente y de la encía; lo que sí podemos aportar desde el laboratorio es cómo cambiaría el diseño en cada opción, para que la clínica decida con esa información delante.
La línea de terminación en PlanoDentaLab
En PlanoDentaLab trabajamos para clínicas y no atendemos pacientes directamente: el tallado y la decisión clínica son del equipo que trata al paciente. Lo nuestro empieza cuando llega el modelo o el escaneo, y lo primero que hacemos es leer la línea de terminación en todo su perímetro antes de diseñar nada.
Trabajamos con cualquier tipo de terminación, también con preparaciones verticales, y fabricamos coronas en el material que corresponda a cada caso. Si una línea no se lee bien, lo decimos antes de fabricar, porque es mucho más barato repetir un escaneo que rehacer una corona. Si quieres comentar un caso concreto, escríbenos desde la página de contacto.



